En el rubro "estupideces arriba de un micro" resalta una subcategoría: discriminación. Nunca me había pasado de presenciar un acto de racismo liso y llano, hasta el día que viaje con Rosita. Rosita Bigote.
El viaje llevaba 2 horas aproximadamente de recorrido, cuando se detuvo en Moreno. Subieron muchas personas, y entre ellos subió un hermano de color. No tengo idea si de estos lares o del otro lado del océano.
Estuve a punto de cederle el asiento que tenia vacío al lado mío porque tenia problemas para ubicar una mochila grande que llevaba. Sin embargo se pudo sentar unas filas mas atrás de mi ubicación, en el piso de abajo.
El micro avanzaba y se iba terminando la película, cuando intuitivamente gire la cabeza y divise entre la penumbra del pasillo que hay entre los asientos, una señora de baja estatura, despeinada totalmente y con cara de haber visto al mismísimo Pepe Basualdo en sunga y rapado.
Cuando llego a la primera fila de asientos, no lo hizo sola, si no de la mano de uno de los comentarios mas racista que escuche hasta la fecha: "Ay, mira nene, estos asientos están vacíos? (señalándome 2 ubicaciones que claramente carecían de ocupación) Que bueno, me voy a sentar acá, porque el chico que subió recién se sentó al lado mío y me da mucho miedo la cara que tiene (en alusión al hermano de color). No es que, pero viste...". Y entendí todo.
La señora cumplió su cometido de no mezclarse con otra raza, al costo que sea. Se ve que no le importaba hacer comentarios racistas, ni tener actitudes de discriminación, etc.
Contenta con su demostración de xenofobia, la doña, que conservaba la cara de espanto, se sentó en dichos asientos, y estuvo largo tramo sin dejar de girar el cuello hacia lugar donde estaba el muchacho, lo cual le agregaba confites a la torta.
Por cuestiones del destino, y de personas que tenían el numero del asiento que Rosita había usurpado, la doña cayó a lado mío por decantación. El único asiento vacío en el piso de abajo estaba junto a mi ubicación.
Me resigne al hecho de que la iba a tener que soportar, mínimo, 300 kilómetros, y le di paso al lugar. Una vez ubicada, y en afán de explicar a quien no le pedía explicación el porque de su destino dentro del micro, Rosita me relato lo que nadie quería escuchar. Me volvió a repetir la frase anterior. No se si exactamente, pero la idea fue la misma. Y, como si el hecho de contarle a todo el mundo, orgullosamente, que ella le pudo decir "NO" a un morocho, le puso el moño a su ataque de racismo con una jugaba monumental. No tuvo mejor idea que canalizar un leve arrepentimiento en el siguiente acto: se levanto. Camino hasta el lugar donde se ubicaba el hermano de color y le dijo, con la impunidad típica de una persona estupida: "Disculpame, pero me cambie de asiento porque no te conozco y me dio como miedo sentarme con vos. Discúlpame, eh". Palabras mas, palabras menos. El pibe que, se vio, ya estaba, lastimosamente, acostumbrado a estas escenas, le contesto de la forma mas amable posible, hundiendo aun mas a la doña en el hondo charco de la imbecilidad.
No soy de rezar, pero ese día pedí por favor que la señora cerrase el pico y se durmiera porque un minima palabra o acto ya no iba a soportar. Por suerte lo hizo. Y feliz con su acto de "patriotismo puro" roncó todo el puto viaje.
Vieja de mierda.
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